Bolivia: Es un pecado marginar y rechazar a las personas contagiadas

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Iglesia Viva recoge la reflexión del Padre Waldo Riveros, un sacerdote diocesano y exorcista de Bolivia, tras los suicidios que se produjeron en esta nación a causa de la pandemia de COVID-19

Micaela Diaz reporta en Iglesia Viva la reflexión del Padre Waldo Riveros, sacerdote diocesano y exorcista, tras los suicidios suscitados a causa de la pandemia de COVID-19 en Bolivia, quien advierte:

“Es antiético, inhumano y un pecado grave delante del Señor, la marginación y el rechazo a las personas que han contraído la enfermedad y han sido diagnosticadas como positivos”

Dos casos de suicidio
Cabe destacar que en la nación boliviana se registraron dos casos de suicidios: un paciente de la tercera edad con COVID-19, que se quitó la vida la madrugada del pasado 13 de junio, lanzándose del primer piso de un hospital en la ciudad de Santa Cruz. Y el otro paciente, de 55 años de edad, positivo al COVID-19, que se quitó la vida el martes pasado, lanzándose, también él, del tercer piso de otro hospital en Cochabamba.

Fragilidad del ser humano
“Hay algunas palabras que crean miedo en la sociedad y en las personas, la palabra ‘sida’, ‘cáncer’, ‘coronavirus’, o ‘estás enfermo’, ‘estoy desahuciado’, y para muchas personas el simple hecho de terminar una relación emocional o sentimental puede causar un desequilibrio”

Dos modos de reaccionar
El Padre Riveros se refiere a la fragilidad del ser humano en este tiempo, afirmando que hoy “es mucho más frágil”. Sin embargo, por esta misma razón, puede reaccionar de dos maneras distintas. La primera, una persona que se puede dejar llevar por sus emociones y no encontrar sentido a la vida, incluso puede caer en depresión profunda, que puede llevar al suicidio. Y la otra reacción, por esta misma fragilidad que tiene, defenderse, salvar la vida, enfrentarse y superar ese problema que está atravesando.

El suicidio jamás es la salida
“El suicidio nunca es la salida, porque todos vamos a morir”, afirma el sacerdote, dejando claro que la vida de fe es lo que puede ayudar a prevenir los suicidios:

“El suicidio es tirar la toalla, demostrar la impotencia y la falta de fe que se tiene, en uno mismo, en los demás y en el ser superior, que es Dios”

A su vez, explica que el suicidio “viene acompañado, motivado, promocionado por ideas, sentimientos negativos de sin sentido de la vida. Estas ideas y sentimientos, muchas veces en la totalidad de las veces, es influenciado por un espíritu maligno”. Y añade:

“Se suicidan personas que no tienen una relación cercana con Dios, que no cultivan la fe y han tenido antecedentes de depresión o ansiedad”

Lo importante es qué nos espera después de la muerte
Ante la pregunta de ¿cómo prevenir estas situaciones?, el Padre Riveros responde: “Llevando una vida de fe, acercándonos al Señor, todos vamos a morir, lo importante no es la muerte, lo importante es, ¿qué me espera después de la muerte?, y esa pregunta, pertenece al ámbito de la fe”.

Marginar a los enfermos es un pecado grave
El sacerdote recuerda que “ninguna persona quiere enfermarse, pero puede ser que en un descuido haya contraído la enfermedad. Pero no se debe marginar, ni rechazar, ni hacer sentir mal a la persona que se haya enfermado. Al contrario necesita más que nunca de nuestro apoyo, de nuestra comprensión y de nuestro calor humano”.

Naturalmente afirma que hay que tomar previsiones:

“Pero impedir que los enfermos tengan donde recuperarse, expulsar o dar muerte civil a las personas que se han enfermado, es altamente reprochable por la conciencia humana y también delante del Señor”

Y para superar este tiempo de pandemia, el Padre Waldo Riveros se refiere al cuidado, a la responsabilidad y a la confianza:

Cuidado
El cuidado de la persona y de su propio cuerpo, el cuidado de las personas más débiles, de los niños y los ancianos. No es solamente lavarse las manos, hay que favorecer que la persona no sienta estrés, favorecer un ambiente de cordialidad, hacer que la persona se sienta acompañada.

Responsabilidad
Responsabilidad, significa responder ante los actos, las personas no tienen que exponerse, sólo si es necesario. Escuchar los consejos de las autoridades, tomarlos en cuenta y no exponerse.

Confianza
Tener confianza en el Evangelio que nos dice que, ni un pájaro cae a la tierra sin el consentimiento de Dios y que están contados todos nuestros cabellos. Nuestra vida está en las manos de Dios y si está en las manos de un Dios amoroso, él nos va a proteger y cuidar. Si es que nosotros también nos protegemos y cuidamos, el Dios en el que creemos, es un Dios de la libertad y respeta la libertad humana, para bien y para mal.

De manera que hay que tener confianza en Dios, puesto que sabemos que él rige el destino de las personas, plantas, animales y virus, y que estamos en buenas manos:

“Hay que cuidarse, hay que cuidar a los demás, hay que confiar en Dios, no es etapa para el pánico, ni desaliento, ni sinsentido y hay que cuidarse y hay que hacerlo con mucha responsabilidad”

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Fonte: Vatican News

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