Desarrollo Humano Integral: 15º Boletín de la Sección Migrantes y Refugiados

Desarrollo Humano Integral: 15º Boletín de la Sección Migrantes y Refugiados

Todas las semanas la sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral publica un boletín, informando de la labor de la Iglesia en este tiempo de pandemia. En el siguiente artículo el décimo quinto boletín, junto con el enlace a los boletines anteriores.
¿Qué está haciendo la crisis actual de COVID-19 a los migrantes, refugiados, desplazados internos y víctimas de la trata de personas en todo el mundo? La Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral publica su noveno boletín en el que comparte innovaciones y buenas prácticas de diferentes actores católicos de todo el mundo que buscan ayudar a las personas desplazadas durante esta crisis y evitar la propagación del coronavirus en sus comunidades. A continuación, los contenidos del boletín número 15:

La asistencia a los desplazados internos durante la pandemia
En numerosas ocasiones, la Santa Sede ha insistido en la necesidad de proteger los derechos de los desplazados internos (IDP). En su mensaje para la 106ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el Papa Francisco identificó la tragedia de los desplazados internos como uno de los retos que se plantea a nuestro mundo contemporáneo. En mayo de 2020, la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral publicó el documento “Orientaciones pastorales sobre desplazados internos”, que tiene como objetivo inspirar y animar el trabajo pastoral de la Iglesia, en este ámbito específico.

Durante el 44° período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, el arzobispo Ivan Jurkovič, Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, expresó la profunda preocupación del Papa por el hecho de que la crisis del COVID-19 ha agravado la situación de las personas desplazadas. Los desplazados internos se han convertido cada vez más en víctimas de la “globalización de la indiferencia”, realidad que el Papa Francisco ha denunciado en reiteradas ocasiones. Mons. Jurkovič señaló que los desplazados internos que tienen una capacidad diversa, encuentran “dificultades aún mayores para acceder a la información y a la asistencia humanitaria”. Esto se traduce en “desigualdades y mayores riesgos para su protección”. A la luz de esta preocupación, el arzobispo subrayó la importancia de una “genuina cooperación” entre los Estados para la “elaboración de un marco jurídico claro sobre las responsabilidades de los Estados, que asegure su protección efectiva, obtenga soluciones duraderas y, en última instancia, salve vidas humanas”. A este respecto, Mons. Jurkovič propuso trabajar en estrecha colaboración con organizaciones y comunidades religiosas, ya que a menudo se encuentran en primera línea de la asistencia a las personas desplazadas por la fuerza.

Un ejemplo de asistencia de primera línea: La Comisión Episcopal de Migraciones en Haití (CEMI-Haití) ha mostrado su solidaridad con los migrantes internos de Corail-Cesslesse durante la crisis del COVID-19. Esta localidad del municipio de Croix-des-Bouquets, al oeste de Haití, se caracteriza por registrar una elevada tasa de migración interna. La asistencia se ha llevado a cabo mediante visitas domiciliarias, campañas de sensibilización contra la propagación de la pandemia y otras actividades que han beneficiado a los desplazados internos en estos tiempos difíciles. CEMI-Haití encarna plenamente el pensamiento del Beato Juan Bautista Scalabrini: “Donde el pueblo sufre y lucha, allí tiene que estar la Iglesia”.

La Comunidad de Sant’Egidio en Nigeria, en colaboración con la Embajada de Bélgica, ha brindado ayuda de emergencia y asistencia médica a más de 200 familias de desplazados internos que viven en el campamento de Kuchigoro en Abuja. Las personas ya padecían las consecuencias de la crisis generada por Boko Haram, por lo que la propagación del coronavirus ha deteriorado aún más su situación. Las condiciones de hacinamiento y la falta de una adecuada higiene, hacen que la población desplazada esté expuesta a un alto riesgo de contagio. Puesto que se enfrentan a un elevado aumento del costo de la vida, esta iniciativa les ha permitido comer al menos dos veces al día y recibir atención médica básica. Desde abril de 2020, más de 500 familias han recibido subsidios esenciales necesarios para su supervivencia: arroz, frijoles, garri, fideos, aceite de palma y cacahuete, mascarillas, etc. Sant’Egidio cuenta con un largo historial de prestación de ayuda humanitaria a los más vulnerables de la sociedad.

Los trabajadores migrantes
Los trabajadores migrantes son una de las categorías más afectadas por la crisis del COVID-19. A menudo, ven denegados sus derechos básicos y trabajan en condiciones precarias, sin seguridad social ni protección jurídica.

La situación en la India pone de manifiesto esta realidad. Además del significativo número de infecciones y fallecimientos, los desplazamientos de trabajadores migrantes dentro de la India se han convertido en una crisis humanitaria, con muchos trabajadores que caminaban por carreteras y vías del ferrocarril para poder regresar a sus estados de origen como consecuencia del confinamiento total. Reconociendo las dificultades que han surgido en estos últimos meses, el Padre Jaison Vadassery, secretario de la Comisión de Migraciones de la Conferencia de Obispos Católicos de la India (CCBI), informó que la Iglesia había pedido al gobierno indio que hiciera cumplir la “ley interestatal de trabajadores migrantes” de 1979. La ley todavía tiene que ser aprobada por la cámara alta del parlamento. Contiene disposiciones relativas al salario mínimo, las horas de trabajo, los centros de salud y otras cuestiones. Además, ayudará al Gobierno a mantener un registro de los trabajadores migrantes y proporcionará asistencia jurídica para mejorar sus condiciones.

En la India, muchos trabajadores migrantes internos se habrían muerto de hambre y penurias si no hubiera sido por las iniciativas caritativas llevadas a cabo por la Iglesia católica. Religiosos y religiosas brindaron asistencia a los trabajadores abandonados a su suerte en las carreteras, en refugios y en barrios marginales situados en diferentes regiones del país. Gracias a las donaciones aportadas por diócesis, congregaciones religiosas y agencias de ayuda, proporcionaron alojamiento, alimentación y ayudas económicas para que los trabajadores pudieran regresar a sus hogares. Los religiosos de la India se opusieron a la implementación de un proyecto coordinado centralmente, optando en cambio por financiar a individuos y a congregaciones para que puedan ayudar a los trabajadores. Durante semanas, las Hermanas de Loreto se han desplazado hasta las autopistas de Jharkhand para distribuir paquetes de alimentos y han dado de comer cada día a unas 400/500 personas en tránsito. En el centro de Nerul (Mumbai), los Salesianos ayudan a los migrantes internos que regresan a su país proporcionándoles un paquete de alimentos nutritivos para el viaje y una botella de agua, además de una palabra de ánimo y de consuelo. En Bagaicha, un centro de trabajo social gestionado por los jesuitas en Ranchi, el Padre Davis Solomon puso en marcha una iniciativa cuya finalidad es la de ayudar a algunos trabajadores migrantes, iniciativa que ahora se ha convertido en una red nacional. Utilizaron una plataforma de redes sociales para ponerse en contacto con otros centros e institutos jesuitas de trabajo social y organizaciones de la sociedad civil. Todos estos grupos se pusieron en contacto con migrantes abandonados a su suerte y los rescataron, proporcionándoles dinero y asistencia jurídica y acogiendo a algunos de ellos en los centros jesuitas.

La Iglesia ha ayudado a los trabajadores migrantes en todo el mundo. En Ontario (Canadá), el Rev.do Peter Ciallella, párroco de la parroquia del Santísimo Sacramento en Burford, organizó la distribución de bolsas de regalo entre los trabajadores migrantes que guardaban la cuarentena en Brantford. Quienes habían dado positivo en el test del COVID-19 o habían tenido contacto con enfermos, fueron reubicados dentro de la ciudad para hacer una cuarentena de dos semanas. El párroco contó que, una vez realizado el llamamiento a donar bolsas de regalo, las iglesias católicas y otras iglesias desde lugares tan lejanos como Vancouver y el área metropolitana de Toronto, respondieron positivamente poniéndose en contacto con él, por lo que se vieron inundados con contribuciones de alimentos y otros artículos. En 2017, el P. Ciallella puso en marcha una pastoral para los trabajadores migrantes mexicanos que se trasladan todos los años a las granjas del Condado de Brant. Explicó que, un domingo al mes, de abril a octubre, la parroquia del Santísimo Sacramento proporciona a los trabajadores clases de inglés y acceso a la red WiFi, que no suele estar disponible en algunas granjas. Puesto que domina perfectamente el español, el P. Ciallella ofrece un servicio, en su propio idioma, a los trabajadores y un almuerzo preparado por voluntarios de la parroquia.

Puesto que la pandemia del COVID-19 ha aislado aún más a muchos trabajadores agrícolas migrantes, la Pastoral de Migraciones de la arquidiócesis de Vancouver ha encontrado formas virtuales de ponerse en contacto con ellos y brindarles apoyo espiritual. Toda la industria agrícola sobrevive gracias a estos trabajadores, ya que realizan trabajos que nadie más en Canadá está dispuesto a hacer. Razón por la cual también “los propietarios de granjas quieren mantenerlos aislados para que nadie se contagie”, dijo el Padre Richard Zanotti, director de la Pastoral de Migraciones de la archidiócesis y párroco de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores en Vancouver. Pero el aislamiento ha pasado factura a los trabajadores. Están lejos de casa y preocupados por sus familias. La Hna. Farias se comunica con los trabajadores agrícolas que utilizan WhatsApp. “Quieren que alguien les escuche”, explicó. “Creas una comunidad en la que pueden confiar, y ellos confían en nosotros y comparten con nosotros su vida”. Su ministerio pastoral produjo vídeos para la formación personal, que compartieron con los trabajadores a través de la aplicación. En ellos se incluyen clips sobre el matrimonio, la comunicación, los sacramentos, la fe y cómo vivir durante la pandemia del COVID-19. “Les animamos a estudiar la Biblia y a rezar”, dijo. También organizaron, utilizando la plataforma Zoom, el rezo del rosario, para así mantenerse en contacto con los trabajadores. Antes de la pandemia del COVID-19, las parroquias ofrecían misas en español y comidas para los trabajadores. El P. Zanotti explicó que solían participar entre 50 y 100 personas y que durante los almuerzos tenían tiempo para socializar entre ellos.

La voz de la Iglesia sobre los trabajadores migrantes
Tres grupos de expertos, que forman parte de la red de “Scalabrini Migration Study Centers”y de la “Scalabrini International Migration Network”, acaban de publicar una serie de documentos de investigación, encargados por la “International Catholic Migration Commission” (ICMC). El documento introductorio, titulado “International Migration and Work: Charting an Ethical Approach to the Future”, examina los principios morales y éticos que deben regir el futuro del trabajo y la migración internacional. El “Scalabrini Migration Centre” (SMC) en Filipinas, realizó dos ambiciosos estudios. El primero, “Out at Sea, Out of Sight: Southeast Asian Fishermen on Taiwanese Fishing Vessels ”, se basa en una serie de entrevistas realizadas a pescadores migrantes. En el informe, el SMC identificó importantes deficiencias en su protección y elementos que demuestran la existencia de la trata de personas en este sector. El segundo trabajo de investigación del SMC, titulado “Sowing Hope: Agriculture as an Alternative to Migration for Young Filipinos?” analiza aquellos programas que tienen como objetivo convertir la agricultura en una profesión que pueda representar un camino viable para los jóvenes en Filipinas, que de otra manera se verían obligados a emigrar. El estudio concluyó que los filipinos tendrían más probabilidades de adoptar la agricultura como medio de subsistencia si la considerasen una profesión rentable, adecuadamente respaldada, moderna y de gran valor social. Por último, “The Scalabrini Institute for Human Mobility in Africa” (SIHMA) publicó un informe exhaustivo sobre el impacto del trabajo y la política laboral en las circunstancias de los migrantes en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Muchos de los encuestados trabajan en los sectores más desregulados y explotadores de la economía y sufren las consecuencias de la xenofobia y la violencia.

Haciéndose eco del documento del Santo Padre, “Un plan para resucitar” a la humanidad tras el coronavirus, publicado el pasado mes de abril, el P. José Luis Pinilla SJ publicó “Un plan para resucitar a los migrantes”. El sacerdote recuerda la declaración presentada por los obispos españoles en 2015, en la que se destacó la contribución de “tantos miembros de la Iglesia que habían ofrecido lo mejor de sus vidas para atender a quienes más sufrían las consecuencias de la crisis [anterior]”. El P. Pinilla afirma que, hoy día: “Me gustaría imaginar a la Iglesia española dando un puñetazo en la mesa y diciendo que ha llegado la hora de reconocer esta aportación humana, valorando la riqueza del otro y cultivando la actitud de acogida, con el fin de crear una convivencia más fraternal y solidaria, pues, en un futuro próximo, nuestra sociedad será, en mayor medida, multiétnica, intercultural y plurirreligiosa”. El autor encuentra “signos de resurrección” en la actual crisis, desde los barrios que se unen en aplausos de agradecimiento a las ocho de la tarde, hasta muchas formas de asistencia concreta. Por su parte, los migrantes nos enseñan qué es la resiliencia creativa y emprendedora frente a enormes obstáculos; gracias a sus habilidades y a la diversidad que aportan, ayudarán a construir una nueva sociedad, el Reino de Dios. Según el P. Pinilla, lo más importante es “como si, de repente, y el futuro dirá cuánto hay de verdad en ello– creyéramos que ‘tú eres fundamental para mi supervivencia y yo para la tuya’. Es decir, ‘tú me importas’”.

En el contexto de la “Comisión vaticana COVID-19” del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, se publicó la declaración “Restoring Dignity To Migrant Workers”. El documento comienza resumiendo el escenario en el que viven los trabajadores migrantes, para luego centrase en las razones jurídicas y sociales por las que este tema merece atención en la era post COVID-19. La doctrina social de la Iglesia católica afirma que “los derechos de los trabajadores, como todos los demás derechos, se basan en la naturaleza de la persona humana y en su dignidad trascendente”. Como el Papa Francisco ha declarado, “Es la primera vocación del hombre: trabajar. Y esto le da dignidad al hombre. La dignidad que lo hace parecerse a Dios”. Por ello, el trabajo no declarado y precario es una herida abierta en la sociedad actual. El objetivo final es el de fomentar una cultura de la legalidad. “El primer paso para restaurar y reafirmar de manera efectiva la dignidad de todos los trabajadores migrantes es prevenir y erradicar su explotación, garantizando salarios justos, el respeto de sus derechos y condiciones laborales dignas”. Es igualmente importante, como se explica en el análisis, empoderar a los trabajadores migrantes a través de seminarios de orientación, antes de su partida, y campañas masivas de información sobre sus derechos y deberes en el país de destino.

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Fuente: Vatican News

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