El Covid es una bomba, la mecha es la miseria

El Covid es una bomba, la mecha es la miseria
El Papa Francisco está seguro de esto y lo repite a todos: de la pandemia salimos mejores o peores. La crisis mundial exige un replanteamiento de los parámetros de la convivencia humana en clave solidaria. Sobre esta idea se basa el “Proyecto Covid – construir un futuro mejor”, creado en colaboración por los dicasterios para la Comunicación y para el Desarrollo Humano Integral, que busca ofrecer un camino que desde el final de la pandemia lleve al inicio de una nueva fraternidad.

Si bien la pandemia “ha filtrado todo lo que no es esencial” en los países más ricos, ésta corre el riesgo de convertirse en el detonante de una crisis muy grave en lugares donde los problemas del virus se suman al hambre, la guerra y la inestabilidad. En una entrevista doble, dos expertos de la Comisión Vaticana Covid19 – Maryann Cusimano Love (The Catholic University of America) y Dan Plesch (director del “Centre for International Studies & Diplomacy at SOAS”) – analizan los escenarios abiertos por el coronavirus, donde las desigualdades sociales se pronuncian aún más, y llaman al alto al fuego global invocado por el Papa Francisco y el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres.

Usted es miembro de la Comisión vaticana COVID 19, el mecanismo de respuesta a un virus sin precedentes instituido por el Papa Francisco. ¿Qué cree haber aprendido, a nivel personal, de esta experiencia? ¿Cómo cree que la sociedad en su conjunto puede inspirarse en la labor de la Comisión?

Cusimano Love – Los problemas globales requieren la cooperación global. En el planeta Tierra vive más gente que nunca antes en la historia de la humanidad. Por eso debemos crear mejores formas de cooperación para hacer frente al desafío de esta pandemia. La Comisión Covid-19 del Papa Francisco representa un modelo de cooperación mundial en un momento en que muchos van en la dirección opuesta, cerrando fronteras, negando la inclusión o no dando prioridad a las necesidades de los más vulnerables.

Plesch – Es realmente un gran honor y privilegio para mí ser miembro de la Comisión establecida por el Papa Francisco, que quiere encontrar respuestas sobre la seguridad frente a los graves peligros que enfrenta el Covid-19. El trabajo de la Comisión ha sido muy instructivo para mí, he aprendido mucho de la sabiduría, la pasión y las ideas prácticas de mis compañeros de la Comisión. Una de las lecciones clave que necesitamos comunicar es que el virus está empeorando muchos de los desafíos existentes para nuestra seguridad.

El Papa Francisco pidió a la Comisión COVID 19 que “se preparara para el futuro” en lugar de “prepararse para él”. ¿Cuál es el papel de la Iglesia Católica como institución en este esfuerzo?

Cusimano Love – Cuando salgamos de esta pandemia, la Iglesia Católica puede ayudarnos a imaginar y construir un mundo mejor, un mundo donde podamos estar más conectados, más afectuosos, donde podamos construir mejores relaciones entre nosotros. Como dicen las Escrituras: ” yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?”. La Iglesia Católica no es una iglesia nacional; nosotros trabajamos más allá de las fronteras de cada nación, trabajamos con tiempos largos que van más allá del próximo evento o de las próximas elecciones; además, somos el mayor proveedor mundial de asistencia sanitaria y de cuidados para los más necesitados. Nosotros somos una única familia humana, pero demasiado a menudo nos comportamos como una familia disfuncional. Para hacer frente a la creciente ola de nacionalismo y extremismo, la Iglesia imagina y prepara un futuro basado en una visión más amplia de nuestras conexiones como familia humana.

Plesch – El papel de la Iglesia en ayudar a formar y desarrollar el futuro siempre ha sido muy importante. La combinación de amenazas a las que nos hemos enfrentado hasta ahora – desde el medio ambiente, desde la codicia, desde la pobreza, desde las guerras mundiales, desde los armamentos – están formando una “tormenta perfecta”, y debemos ayudar, preparar a la humanidad para sobrevivir a ella.

¿Qué enseñanzas personales (si las hay) ha aprendido de la experiencia de la pandemia? ¿Cuáles son los cambios concretos – tanto a nivel personal como global – que espera ver después de esta crisis?

Cusimano Love – El Papa Francisco nos advirtió: nos dijo que esta economía mata, y la pandemia nos ha demostrado que es verdad. No podemos volver a la vieja forma de hacer negocios. Por ejemplo, podemos dejar de invertir más de un trillón de dólares en armas nucleares de nueva generación cuando este dinero se necesita urgentemente para la atención de la salud y la alimentación. La pandemia ha despojado todo lo que no es esencial y nos ha obligado a centrarnos en lo que es realmente importante. Mis hijos estudian por vía telemática, yo trabajo desde casa y me ocupo de los ancianos, lo que significa que pasamos mucho más tiempo juntos como familia y mucho más tiempo en la naturaleza. Durante la pandemia, la naturaleza nos sacudió y nos hizo darnos cuenta de que nunca es demasiado tarde para hacer lo correcto. Nuestras economías y empleos deben y pueden promover relaciones más sanas y ricas entre nosotros y con nuestra Tierra.

Plesch – Obviamente, los cambios que necesitamos ver son grandes y preexistentes; pero entre las prioridades está el hecho -creo yo- de que debemos pedir a nuestros gobiernos, nuestras comunidades, nuestras Iglesias y nuestros hermanos de otras comunidades religiosas simplemente que dejen de producir armas. El impulso para hacer guerras – dos billones de dólares gastados en un año en el mundo en el campo de los armamentos – es en sí mismo muy fuerte; vemos cómo la violencia en las familias y comunidades, la violencia entre los gobiernos sigue aumentando.

La crisis del coronavirus pone de relieve actitudes egoístas no sólo de las personas, sino de países enteros. Nacionalismos tales como para sacar a relucir peligrosos sentimientos de ira hacia el otro, incluso si él también es nacionalista. La historia, lamentablemente, está llena de ejemplos similares que han llevado a conflictos. ¿Hoy en día existe este riesgo?

Cusimano Love – Las enfermedades pueden causar guerras y conflictos. Las investigaciones han demostrado que los países atrapados en la trampa del conflicto, es decir, en ciclos de guerra y conflicto y de venganza, necesitan el crecimiento económico para romper las espirales de violencia; en cambio, la pandemia ha producido lo contrario, ha destruido la economía mundial. Los países en conflicto que dependen de los ingresos de la venta de petróleo -como Nigeria, Iraq y otros- no tienen ahora fondos para lograr la paz entre los grupos en conflicto, para implementar los acuerdos de paz en Colombia, para volver a comprar armas o para ofrecer a ex-milicianos un trabajo que les ayude a integrarse en la vida civil. La paz no ocurre por magia: se construye con el trabajo paciente, a lo largo del tiempo. La pandemia, por otro lado, destruye los recursos y los esfuerzos de consolidación de la paz y ha aumentado el número de movimientos nacionalistas y extremistas violentos, mientras que la desinformación sobre Covid y las teorías de conspiración buscan chivos expiatorios. La Iglesia Católica no es una iglesia nacionalista; la capacidad católica para construir la paz es necesaria ahora más que nunca.

Plesch – El impacto explosivo del virus ha estado ahí, pero no hemos podido evaluar la magnitud del tsunami de este impacto en la sociedad. Es esencial que ayudemos y preparemos a la gente para hacer frente a esto, pero reduciendo la producción de armas y buscando otras formas de garantizar la seguridad.

Y las poblaciones que padecen hambre hoy en día, ¿cuán dispuestas están a luchar por el acceso a los tratamientos? En África, en varios países, las personas dicen que prefieren el covid al hambre. ¿La suma de los dos factores, pandemia y hambre, podría ser una chispa peligrosa?

Cusimano Love – No se puede construir la paz sobre un estómago vacío. La pandemia ha destruido los recursos alimentarios y ha causado depresiones económicas, haciendo que los alimentos sean demasiado caros para millones de personas, lo que pone en peligro aún más a las personas más vulnerables de la Tierra, incluidos los refugiados y las personas desplazadas. Anteriores recesiones mundiales han llevado a revueltas por alimentos. Hoy en día, para evitarlo, es necesario proporcionar asistencia alimentaria más allá de las líneas de conflicto para reducir las ocasiones de violencia. Las desigualdades clamorosas no hacen sino aumentar el descontento y la violencia.

Plesch – La causa interaccional, la interacción, es decir, entre el hambre, el virus y la pobreza, significa que el número de personas que tendrán que luchar por la supervivencia, por las necesidades básicas, está aumentando. La tragedia es que los ricos tienen recursos más que suficientes para dar la ayuda necesaria a todos. Está más allá del obsceno hecho de que una pequeña parte de la población mundial controla tal cantidad de riqueza y se aferra a ella, mientras que para muchas personas la vida está amenazada, para ellos y sus familias.

El Papa Francisco y Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, han hecho un llamamiento a cesar el fuego dondequiera que haya conflictos en el mundo para favorecer la lucha contra el coronavirus. Llamamientos que no fueron acogidos. ¿Por qué?

Cusimano Love – Mientras las Naciones Unidas se reúnen en septiembre, el Papa Francisco y Antonio Guterres, el Secretario General de las Naciones Unidas, renuevan su llamamiento a un alto al fuego mundial para que las comunidades puedan centrar sus esfuerzos en la lucha contra la pandemia y no en la lucha entre sí. Ha habido muy poca atención, muy poca conciencia de la opinión pública y poca capacidad política en relación con este llamamiento al cese del fuego. El 75º aniversario de las Naciones Unidas es una gran oportunidad para llamar la atención y el compromiso con el llamamiento a la cesación del fuego en tiempos de pandemia.

Plesch – Creo que el desafío de un cese al fuego global debe ser enfrentado. El Santo Padre y el Secretario General de las Naciones Unidas han allanado el camino: ahora debemos alzar nuestras voces con este llamamiento porque cuando, en los próximos años, se extienda el impacto social del virus, creo que el llamamiento a abandonar el conflicto será cada vez más eficaz.

El Papa Francisco habló varias veces de una “tercera guerra mundial a pedazos”, y mucho antes de la pandemia. Entonces, en su opinión, ¿debemos temer otro conflicto mundial desencadenado por un virus invisible, o efectivamente ya ha comenzado, y debemos dedicarnos a extinguirlo?

Cusumano Love – En las últimas décadas, la paz había estallado en el mundo, con la disminución de las grandes guerras y los acuerdos de paz en países como Irlanda, Colombia y Filipinas. Pero estos procesos de paz son frágiles y demasiados países siguen atrapados en círculos viciosos de guerra, pobreza e inestabilidad, como Irak, la República Democrática del Congo, Sudán y Nigeria. Las respuestas a la pandemia deben tener en cuenta los conflictos, asegurando que las vacunas, los medicamentos, la ayuda alimentaria y la asistencia atraviesen las líneas de conflicto para construir comunidad, cohesión social, confianza y paz.

Plesch – En cuanto a la amenaza de una tercera guerra mundial: estamos continuamente siendo testigos de la muerte de personas debido al uso de armas, como aviones de guerra que pasan por encima de las aldeas, armas ligeras, minas antipersona, fusiles … Pero sobre todo esto sigue siendo la espada de Damocles de la amenaza nuclear. Creo que si algo hemos aprendido es que no hay grupos de sabios que se presenten en tiempos de crisis para ayudar a resolverlas; hemos visto, por el contrario, que en todos los países los líderes dicen enormes mentiras y la consecuencia para todos nosotros es que esto nos lleva a una dimensión de la guerra cada vez más expandida, con ejércitos, marina, fuerza aérea, armas nucleares… Este es un riesgo que no debe ser subestimado: es muy real. Y espero que trabajando con esta Comisión podamos hacer nuestra parte para mantenernos seguros y protegidos en el futuro, porque estos conflictos no son necesarios sino oscuros; el trabajo en esta Comisión representa enormes oportunidades para el beneficioso desarrollo integral de la humanidad.

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Fuente: Vatican News

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