El Papa: se tienen menos hijos por demasiado apego al bienestar individual

El Papa: se tienen menos hijos por demasiado apego al bienestar individual
La rueda de prensa en el vuelo de regreso de África: Francisco recuerda la alegría de los niños que encontró y afirma que el Estado tiene el deber de cuidar de la familia. Dice que la xenofobia es “una enfermedad” y pide preservar la identidad de los pueblos de las colonizaciones ideológicas. Habla de las críticas que recibe y a una pregunta sobre las tentaciones cismáticas responde: “Rezo para que no existan, pero no tengo miedo”.

La gente en la calle le muestra a los niños alzándolos arriba mientras él pasa. No hay gesto más bello para el Papa. Lo vio en las Filipinas, en Cartagena, en Colombia. Lo volvió a ver en Madagascar. «Los niños son el tesoro de los pobres», explica a los periodistas que lo escuchan tres horas después del despegue de Antananarivo para la tradicional rueda de prensa en el vuelo de regreso a Italia. Francisco habla largo y tendido del viaje, respondiendo a los periodistas de los lugares que visitó y luego hace una digresión espontánea, abriendo su corazón a la experiencia entre los que más le marcaron en su interior. La mirada del recuerdo se dirige a la explanada roja de la Vigilia y la Misa en Madagascar, al millón – él bromea y dice quizás «sólo 800 mil» – sentados en el suelo, mantas y mochilas y niños y una fe a prueba del viento, el hambre y la miseria. «Había gente pobre, había gente que no había comido esa tarde para quedarse allí, estaban contentos”. Era «el pueblo que quería estar con el Papa», un espectáculo que hace comprender que no olvidará. Y advierte contra aquellas – personas o grupos – que «se desprenden de ese sentimiento popular de alegría». La «tristeza de los solos», afirma, es uno de los «primeros signos» de quienes «han olvidado sus raíces culturales».

Familia y jóvenes, «deber del Estado».
En cambio, frente a África, «que tiene una vida joven», está la «abuela Europa» que ha dejado de tener hijos. El Papa se detiene bastante en este concepto, ofreciendo una lectura – «personal» tiende a precisar – del declive demográfico del Viejo Continente. «Pienso que el bienestar está a la raíz», ese apego que hace que la riqueza de un niño prefiera a los sustitutos de una vida llena de bienes, tranquilidad y desconfianza general en el futuro. Francesco aprecia, por el contrario, al Primer Ministro de Mauricio, quien le confió que quería dotar al país de un sistema de educación y formación gratuito para los jóvenes. Y citando el episodio de una niña rescatada por un policía durante la Misa en Port Loius porque había perdido a los padres en la multitud, aprovecha la oportunidad para subrayar: «El Estado debe ocuparse de la familia, de los jóvenes. Y es deber del Estado llevarlos adelante”.

La paz es perdón, no triunfalismo
Poco antes, el Papa había insistido en el largo proceso de paz en Mozambique, firmado en 1992 con la contribución decisiva de la Comunidad de Sant’Egidio, haciéndose eco del histórico mensaje radiofónico de Pío XII en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, de que «nada se pierde con la paz, todo se puede perder con la guerra». Francisco confiesa a los periodistas que lloró delante del santuario de Redipuglia y en todos los lugares donde una conmemoración lo llevó a reflexionar sobre la maldad de la guerra. Pero, añadió, las trompetas del triunfalismo no deben ser tocadas. Como en todas partes, la paz «es frágil», hay que tratarla como a los recién nacidos, «con mucha ternura» y «mucho perdón». El colega mozambiqueño también le pidió que reflexionara sobre la xenofobia generalizada en su país y el Papa no tardó en responder que no era sólo un problema de África. La xenofobia es una enfermedad», afirma, la misma que en el siglo pasado llevó al nazi-fascismo a justificar leyes raciales o, permaneciendo en África, a fomentar, con la variante de «tribalismo», enfatiza Francisco, la página horrible del genocidio ruandés. «Y muchas veces – señala – la xenofobia se sube a la ola del populismo político» y hay que «luchar contra ello». De su estancia en África, el Papa dice que también ha apreciado mucho el carácter de la fraternidad interreligiosa experimentada de diferentes maneras en los tres países visitados. «El respeto religioso es importante – sostiene – por eso les digo a los misioneros que no hagan proselitismo». Una propuesta religiosa que busca prosélitos y no enseña a «adorar a Dios en verdad» simplemente «no es cristiana».

Comunicación sobre los hechos y humanos
Como prometido en el viaje de ida, el Papa da un espacio especial a la corresponsal de la agencia española Efe, que celebra el 80º aniversario de su fundación. No descartó una visita a España, aunque reiteró su preferencia por los «países más pequeños». Y luego, impulsado por una pregunta, pudo ofrecer su punto de vista sobre el papel de la comunicación. La prioridad observa, citando un estudio reciente, debe ir al «hecho» distinto de las consideraciones de contorno. La mezcla de los dos aspectos, aclara, corre el riesgo de arruinar el primero. Y además, añade, «la comunicación debe ser humana, y en términos humanos quiero decir constructiva, es decir, debe hacer crecer al otro», así como nunca debe ser «instrumento de guerra».

Colonización y el medio ambiente a proteger
Otras preguntas traen las respuestas de Francisco a territorios a menudo explorados. El papel de las organizaciones internacionales, que espera que se fortalezca, y de los antiguos países colonialistas, aquellos que, según él, cuando restauran la libertad a la nación ocupada, siempre están tentados de «salir con algo en el bolsillo». En cualquier caso, repite una vez más, a preocuparle hoy más que las casi inexistentes colonizaciones geográficas son en cambio las ideológicas, «que van en contra de la naturaleza» de un pueblo en nombre de una homogeneización que anula identidades. Sobre la protección del medio ambiente – un pilar de su enseñanza y también de su viaje a África – Francisco recuerda que «debemos defender la ecología, la biodiversidad, que es nuestra vida, defender el oxígeno, que es nuestra vida», recordando el compromiso del Vaticano en la dirección de «libre de plástico». Y sobre la corrupción, a veces pintada como un mal endémico africano, respondió: «Tenemos el vasallaje en Europa, los africanos no lo inventaron. La criada pagada un tercio de lo que se debe, los africanos no lo inventaron, las mujeres engañadas y explotadas para la prostitución en el centro de nuestras ciudades, los africanos no lo inventaron. Aquí también existe esta explotación, no sólo ambiental, sino también humana».

El cisma y la mansedumbre
La última respuesta se refiere a la crítica de la parte americana de su pontificado, recientemente señalada en un libro publicado en Francia. «Las críticas – dice – no son sólo de los estadounidenses, sino que están en todas partes, incluso en la Curia. Al menos los que te lo dicen tienen la ventaja de la honestidad para decírtelo». Y sobre un posible cisma, no se descompone demasiado. En la Iglesia, observa, siempre existe «la opción cismática». «No le temo a los cismas, rezo para que no haya ninguno». Un cisma, observa, es siempre «un desapego elitista provocado por una ideología desprendida de la doctrina». Una moral rígida puede encender «posibles caminos cristianos pseudo-esquemáticos, que terminarán mal». Por eso, concluye, «debemos ser mansos con las personas que son tentadas por estos ataques, están pasando por un problema, debemos acompañarlos con mansedumbre».

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Fuente: Vatican News

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