Homilía del 16 de Gennaio de 2021: Evangelio y Palabra del Día

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LECTURA DEL DÍA


De la Carta a los Hebreos 4, 12-16

Hermanos: La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos. Llega hasta lo más íntimo del alma, hasta la médula de los huesos y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Toda creatura es transparente para ella. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas.

Puesto que Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo, mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado.

Acerquémonos, por lo tanto, con plena confianza, al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento oportuno.


EVANGELIO DEL DÍA


Evangelio según Marcos 2, 13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a caminar por la orilla del lago; toda la muchedumbre lo seguía y él les hablaba. Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa junto con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían. Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con los pecadores y publicanos, preguntaron a sus discípulos: “¿Por qué su maestro come y bebe en compañía de publicanos y pecadores?”

Habiendo oído esto, Jesús les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido para llamar a los justos, sino a los pecadores”.


HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO


Y los doctores de la Ley se escandalizaron. Llamaron a los discípulos y dijeron: “Pero, ¿cómo es que su Maestro hace esto, con esta gente? Pero, ¡se vuelve impuro!”: comer con un impuro te infecta con su impureza, y ya no eres puro. Y Jesús tomó la palabra y dijo esta palabra: “Ve y aprende lo que significa ‘misericordia quiero, y no sacrificios’.” La misericordia de Dios busca a todos, perdona a todos. Sólo que te pide que digas: “Sí, ayúdame”. Sólo eso.

(Santa Marta – 21 de septiembre de 2018)


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