¿Qué tienen que ver los problemas de la Amazonía con nuestra fe?

¿Qué tienen que ver los problemas de la Amazonía con nuestra fe?
Peter Hughes, teólogo y sacerdote de origen irlandés, pero residente en Perú desde hace varias décadas, conversa con Vatican News sobre la relación entre los problemas que enfrentan los pueblos del territorio amazónico y la fe de los cristianos.

Eran las nueve de la noche. El día, en el trabajo sinodal, había estado muy lleno de actividad. El teólogo Peter Hughes respondió con mucha calma, pues la respuesta tiene implicaciones profundas. “Tiene que ver con esto, que nosotros los creyentes, cristianos, católicos, creemos, y esto es el centro de nuestra fe, que nuestro Dios es el Dios de la Vida. Dios nos ama, es el Dios del amor. La vida y el Amor son la misma cosa. Y Dios comparte su vida con la humanidad. Comparte el regalo del mundo, la naturaleza, la creación con nosotros, con la familia humana”.

Y prosigue: “De tal manera que Dios está presente en la naturaleza, y nos dice “Aquí está mi regalo, la tierra, ustedes tienen que cuidarla, y tienen que cultivarla”. Y cuando nosotros la despreciamos, cuando no hacemos nada delante de este gran regalo de la creación o de la naturaleza, esta es una ofensa al creador. Es decir, la despreocupación, el desinterés o el descuido humano por la vida, está totalmente opuesto a lo que nosotros creemos, al Dios de la vida”.

La invitación de Dios: tener una vida plena
Hughes insiste: “La voluntad de Dios es que nosotros vivamos bien, y que no nos falte nada. Dios es el Dios de la sabiduría, de la belleza, pero también de la providencia, es decir, que él nos provee con todo lo que necesitamos para nuestro bienestar, para alimentarnos, para cobijarnos, para que podamos vivir desarrollando todas nuestras capacidades”.

Defender la vida es una convicción de nuestra fe
Nosotros defendemos la naturaleza y los seres humanos por convicción de nuestra fe, afirma Hughes. “Es decir, alabamos a Dios cuando defendemos la Amazonía, cuando nos oponemos a la destrucción de los árboles, cuando nos oponemos al envenenamiento de los ríos, cuando vemos que a la gente se les están quitando sus tierras, después de haber vivido muchos siglos allí”. La gran sabiduría, subraya, es aprender una relación de respeto de la naturaleza, con el bosque y de vivir de manera armónica con lo creado.

Entonces, afirmó: “Creo que es muy importante entender esto, de que nuestra alabanza a nuestro Dios creador es un mandamiento de respetar la vida en su conjunto. Nosotros estamos acostumbrados, por ejemplo, a decir: no hay que hacer daño a nuestro prójimo, todo el mundo entiende eso. Pero creo que necesitamos tener más conciencia sobre cuando se hace daño a la naturaleza. En este caso, también estamos yendo en contra de la voluntad de Dios”.

Todo está interrelacionado, interconectado
El padre Hughes pone en evidencia algo que no todos los seres humanos tienen presente o aprendido: “La vida humana y la vida de la naturaleza están interconectadas; hay una interconexión, todo está conectado. Entonces tú no puedes decir, “yo respeto y amo a los otros seres humanos y no me importa nada de la naturaleza”. Así no, porque si actúas así, esto genera sufrimiento en otros seres humanos. Entonces se debe tener el mismo respeto para la naturaleza, y eso también tiene que ver con nuestra relación entre los mismos seres humanos”.

Estamos en el sínodo por convicción y por motivo de fe
Entonces, afirma Hughes, “Es por eso que estamos en el sínodo por convicción y por motivo de fe. Por una convicción cien por ciento religiosa. Incluso, en el sínodo, se está hablando ahora en términos de que debemos hacer más para que la gente tenga una consciencia más realista, más educada, más ecológica, que está en contra del abuso de la naturaleza. Aquí ya entra toda una dimensión moral, ética. En términos clásicos de nuestra fe, existe el pecado ecológico, es decir, cuando destrozamos en gran medida la naturaleza, estamos yendo en contra del amor y de la voluntad de Dios”.

Iglesia pueblo de Dios
Peter Hughes plantea que algunos elementos fundamentales del Concilio Vaticano II se están retomando en las discusiones sinodales. “Uno de ellos es esta práctica de una iglesia sinodal, es decir la iglesia entendida sobretodo como pueblo de Dios, en donde los que mandan no solo tienen las palabras, sino que los pastores, los obispos, los sacerdotes, los ministros tienen que estar al servicio del conjunto del pueblo de Dios. Y esto quiere decir que tienen que escuchar la voz de la gente: de nuevo el tema del diálogo, que nos libera de imponer, y pone en primer término la cuestión de la libertad y el respeto. Entonces vivir una iglesia sinodal es vivir como una iglesia pueblo de Dios, en marcha permanente, donde esta iglesia caminando, conversa, y habla sobre los temas grandes que afectan nuestra vida. Y continuamente estamos tratando de ver de qué manera el mensaje cristiano nos enriquece, nos alimenta, nos ayuda en las nuevas circunstancias históricas que van cambiando”.

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Fuente: Vatican News

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