Sequía. Mons. Chica Arellano: planificar soluciones sostenibles

Sequía. Mons. Chica Arellano: planificar soluciones sostenibles
No es nuevo el sufrimiento que la falta de agua y su deficiente y desigual distribución está acarreando a numerosas personas, que no ocupan las portadas de los grandes medios de comunicación. Es necesario sacar del olvido situaciones dramáticas que exigen una urgente y sensata solución. Lo afirmó el Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, Mons. Chica Arellano

La sequía tiene importantes consecuencias para el desarrollo agrícola y la productividad. Representa una grave amenaza para la seguridad alimentaria, convirtiéndose así en una causa de migración y éxodo humano a nivel mundial: es la advertencia, apremiante por cierto, del Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, Monseñor Chica Arellano, con motivo del Día Mundial de la lucha contra la desertificación y la sequía, durante el Seminario Internacional sobre «Sequía y Agricultura», organizado en la sede de la FAO en Roma.

Alarmante deterioro de la calidad del agua
Al hablar de los efectos nocivos de la sequía el prelado se refirió al origen de este fenómeno “lacerante” que «perdura desde hace demasiado tiempo”, que es la «cuestión del agua». El Observador Permanente de la Santa Sede remarcó la importancia de la gestión y conservación de este recurso fundamental, cuya escasez “está teniendo desde hace tiempo consecuencias devastadoras, además de un alarmante deterioro de su calidad».

Necesario invertir en innovaciones tecnológicas
De ahí que “es ineludible”, in primis, “emprender medidas preventivas”. Entre las mismas, Mons. Chica Arellano destacó “las inversiones inteligentes en innovaciones tecnológicas”, que “pueden cooperar benéficamente al progreso de la humanidad y de nuestra casa común”. Es necesario, dijo, «que las tecnologías se pongan realmente al servicio de las necesidades primarias del hombre, como la salvaguarda del bien fundamental del agua y la lucha contra la sequía y la desertificación, para tutelar la dignidad humana, garantizar todas las condiciones básicas necesarias y aumentar, a través de estas tecnologías, el patrimonio común de la humanidad”.

El Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO se refirió, asimismo, a las buenas experiencias de seguros agrarios, “que proporcionan coberturas de sequía a los productores o permiten a los gobiernos enfrentar adecuadamente la eventualidad de hacer grandes desembolsos para auxiliar a las personas que sufren sequías extremas”.

Una agricultura «resiliente»
Por otra parte el prelado insistió en la creación de una “agricultura resiliente”, es decir, que sea «capaz de hacer frente al cambio climático y a la escasez de agua”. También señaló la importancia de dedicar recursos financieros “para descubrir e implantar prácticas y técnicas dirigidas a una gestión más eficiente del agua y del suelo, con medidas que promuevan sistemas de riego planificados que no desperdicien este bien fundamental”. También se refirió a la necesidad de “infraestructuras e instalaciones que protejan los cultivos de fenómenos atmosféricos tan dañinos como las heladas y el granizo”.

Se trata de iniciativas que, sin embargo, “no pueden ni deben en modo alguno convertir la agricultura resiliente en una estrategia para facilitar el reemplazo de cultivos y variedades locales con otras creadas en laboratorio y que terminen lesionando la biodiversidad”, advirtió.

Desertificación del suelo como enfermedad física que afecta a todos
La sequía, pues, «requiere acciones solidarias entre los miembros de la familia humana porque, como escribió el Papa Francisco en la encíclica Laudato si’, «podemos considerar la desertificación del suelo casi como una enfermedad física» (n. 89), que afecta a cada uno en particular y por ello requiere la ayuda y el consuelo de los demás”.

En la última parte de su intervención Mons. Chica subrayó la importancia de «poner en práctica intervenciones concretas, no solo de naturaleza extraordinaria o de emergencia, sino también capaces de ir más allá de lo inmediato», buscando «las causas que originan el problema» y planificando «soluciones sostenibles mediante un enfoque integral e intersectorial, que logre la gestión eficaz de los recursos de los suelos y las aguas”.

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Fuente: Vatican News

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