Toda tu vida en una mochila

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Mi novio y yo hicimos el camino a pie desde la baja Austria a Asís con una mochila y una tienda de campaña. En la sección «La Historia», les cuento lo que ha significado para nosotros viajar durante dos meses con solo 11 kg de equipaje y las experiencias que tuvimos durante la peregrinación.

Y aquí estamos frente a la imponente Basílica de San Francisco en Asís, después de haber cruzado Austria e Italia con mochila y zapatillas, en 53 días. Habíamos recorrido 1.300 km a pie, más 300 km en tren, y luego autobús y teleférico. Habíamos alcanzado la meta de nuestra peregrinación. Y la sensación era … nada. Por supuesto, fue bonito haber llegado finalmente. Pero esa gran sensación de alivio no quería venir. Un poco confundidos vimos a todas esas personas que, en este domingo por la mañana, se hacían selfies frente a la iglesia, con perros y niños. En ese momento nos dimos cuenta de que nuestro verdadero objetivo era … el camino en sí.

La peregrinación comenzó en la puerta de mi casa
Volvamos dos meses atrás. Acabábamos de terminar la universidad, así que mi novio y yo decidimos que era hora de dedicarnos al aire libre y al deporte, ya que habíamos estado enterrados por los libros durante semanas y semanas, ocupados con la estructura de nuestras respectivas tesis. Además, queríamos tomarnos un tiempo para conocernos un poco mejor: nosotros mismos y entre nosotros. Así, la peregrinación comenzó delante de la puerta de mi casa. Salimos después del desayuno, cruzando el pueblo donde crecí, pasando frente a mi guardaría y mi antigua escuela. Caminamos y caminamos y no podíamos parar. Construimos la ruta juntando partes existentes de caminos: el Camino de Santiago, en Austria, la Via Romea, el Camino de San Antonio y el Camino de Asís.

Paso a paso
En lugar de acostumbrarnos lentamente al peso de las mochilas sobre los hombros, el primer día hicimos 28 km y esto a mediados de agosto en el calor del mediodía, sin protección solar, sin sombrero. Por la noche, por supuesto, dolores de cabeza, náuseas, dolor muscular y una buena vejiga en el dedo gordo del pie. Al día siguiente fuimos capaz de caminar apenas 15 km.
“Incluso si haces un pequeño tramo cada día, tarde o temprano se llega a la meta.”

Con el paso de los días, sin embargo, nos dimos cuenta de que todo se estaba volviendo más fácil, nos dimos cuenta de que nuestro cuerpo era más resistente de lo que habíamos pensado y que se estaba acostumbrando a la fatiga. Y también notamos que si haces un pequeño tramo todos los días, paso a paso, y de vez en cuando incluso te tomas un día de pausa, sin rendirte, incluso si solo progresas lentamente, tarde o temprano llegas a la meta.

Huéspedes en monasterios y hostales para peregrinos
De camino a Asís, muchos conventos nos abrieron sus puertas y así conocimos algunas Congregaciones religiosas. Recorrimos algunos tramos siguiendo rutas de peregrinación que todavía no han sido «fijadas» y por ello fue un poco difícil aveces encontrar un lugar para pasar la noche. A menudo dormíamos en tienda de campaña, una vez incluso en un hotel de cuatro estrellas, ya que todos los conventos y parroquias nos habían rechazado y todas las posibilidades de alojamiento barato estaban completamente ocupadas.
“No saber dónde dormirás esta noche: esta experiencia te toca en la esencia.”

Por la mañana enrollas tu saco de dormir y no sabes dónde lo abrirás por la noche: esta experiencia es realmente agotadora y nos ha conmovido profundamente. En cambio, a lo largo de los últimos 250 km no hubo tales problemas, porque encontramos albergues para peregrinos en los conventos, en un granero convertido o en una ex escuela.

Encuentros especiales con las abuelas italianas
«Pero durante tu peregrinación, ¿has encontrado a Dios?». Es la pregunta que le hicieron a mi novio… Una pregunta que me pareció divertida y que hoy respondería: «Sí, en la Creación que te deja sin aliento y en las muchas personas que nos brindaron su hospitalidad. Como, por ejemplo, la señora Clara».

Fue ese día que habíamos cruzado ese valle oscuro y no sabíamos dónde dormiríamos. De pronto pasó a nuestro lado una mujer vivaz de cierta edad, en bicicleta. Le pedimos permiso para montar nuestra tienda de campaña en su tierra, le explicamos que somos dos peregrinos que viajan a Asís y que tenemos todo lo que necesitamos con nosotros.

Al principio, la señora Clara fue muy predente. La llave de su casa la llevaba colgando en el cuello y cerraba la puerta incluso si se alejaba solo unos metros de distancia. Hay mucha gente extraña por ahí, decía. No entendí si también nos consideraba a nosotros «gente extraña», pero cuando vio el resultado de nuestro intento de hornear pan, nos trajo verdaderos «bocadillos». Y los tomates de su huerto, con aceite de oliva y vinagre balsámico. Y un litro de leche para el desayuno.

Una monja franciscana austriaca nos sirvió el desayuno como si fuéramos nobles; Anna, la campesina, nos explicó cómo hace mantequilla en casa y Francesco, que es cocinero voluntario en el albergue de peregrinos, nos hizo probar la grappa (aguardiente italiana) que había hecho su hermana.

Al final de la peregrinación comienza la verdadera peregrinación
El camino nos ha cambiado, nos ha unido firmemente. Nos ha hecho reconocer nuestros límites – y nos ha ayudado a crecer más allá de ellos. Nos ha hecho conocer la Iglesia en Austria e Italia. Incluso los sellos que recolectamos en el pasaporte del peregrino que hicimos nosotros mismos han cambiado a lo largo del camino: en el Camino de Santiago, en Austria, en muchas iglesias encontramos sellos artísticos con la vieira de Santiago. Entre Brenner y Padua, a menudo nos contentamos con el sello de las estructuras en las que nos alojamos. Y para las noches que pasamos en la tienda de campaña… ningún sello. Pero luego volvimos a tener sellos «especiales» en los albergues de peregrinos donde nos detuvimos en el Camino de Asís.

Deja una vena de melancolía, el final de la peregrinación – incluso si la peregrinación continúa, solo sin sellos…

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Fuente: Vatican News

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